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Perfumes que huelen a naturaleza

Publicado en revista Dietética y Salud - Nº 165


Es imposible imaginarse un mundo sin aromas, por eso intentamos atrapar en pequeños frascos los más sugerentes olores. Conocer un poco más sobre la composición y la historia de las fragancias, nos ayudará a apreciarlas mejor.

Perfumar con sutiles aromas de plantas y flores la vivienda, la ropa o el propio cuerpo es un acto que los humanos venimos realizando desde hace miles de años. Un olor fresco y agradable denota limpieza, salud y lozanía, pero también puede invitar a relajarse, dormir, tonificarse…

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Como nos indica la etnobotánica y experta universitaria en cosmética y dermofarmacia Trinidad de los Ángeles Sánchez, “los perfumes se pueden elaborar personalizados e incluso tratando de que sirvan como terapia. A fin de cuentas, el perfume ‘se huele’ sobre todo con nuestro cerebro, y a través de él fluyen diversos estados anímicos”.

Tipos de fragancias

La elaboración de cualquiera de los preparados aromáticos es el resultado de una mezcla armoniosa de tres elementos: agua, alcohol y esencias”, nos explica Sánchez.

Cuando hablamos de notas aromáticas, nos referimos a las diferentes esencias que forman parte de un perfume. Las fragancias se suelen estructurar de forma piramidal: las notas de salida son las que primero se huelen y evaporan; las notas de corazón son las que se empiezan a desvelar al cabo de un rato; mientras que las notas de fondo son las “fijadoras.

Las fragancias se clasifican según su composición aromática, cuanto más intensa sea, más tiempo durará el aroma:

- Perfume: entre el 16 y el 40% de esencias aromáticas
- Eau de perfum: 15% de esencias aromáticas
- Eau de toilette: del 7 al 15% de esencias aromáticas
- Colonia: concentración del 5% de esencias aromáticas con predominancia de aromas cítricos
- Splash o brumas: 1% de esencias aromáticas y sin alcohol, por eso también es adecuada para usarla sobre el pelo y las prendas de vestir.

Las fragancias muy suaves –donde entrarían las brumas, las aguas frutales, etc.-, resultan perfectas para desprender un muy ligero aroma antes de acostarse, ya que son relajantes sin cargar demasiado. Además, suelen ser hidratantes.

Un poco de historia

Los humanos utilizamos las esencias desde hace muchos siglos. Ya en la época del Antiguo Egipto se aromatizaba utilizando el humo del incienso y los aceites aromáticos. Ése es precisamente el origen de la palabra perfume, que en latín significa “a través del humo”. Durante la Edad Media fueron los árabes quienes más y mejor trabajaron la alquimia de los aromas, desarrollando técnicas que permitían destilar grandes cantidades de plantas.

Sin embargo, deberemos esperar hasta el siglo XVIII para que aparezcan las formas modernas de la perfumería tal y como hoy las entendemos. A partir de entonces, fueron naciendo, gradualmente, muchas de las grandes marcas que han perdurado hasta nuestros días.

Aromas vivos

¿Por qué un mismo perfume huele diferente según quién se lo pone? Hay muchos motivos: el primero –y más importante- es el pH de cada persona (el grado de acidez de su piel). También se intuirán cambios en el olor debido a la dieta (si es muy especiada o no) o a cuestiones hormonales (adolescencia, días de menstruación, etc.).

Al aplicarse el perfume sobre la piel, el calor del cuerpo evapora el disolvente, permaneciendo las sustancias aromáticas, que se disipan gradualmente durante varias horas. Por eso, para que una fragancia se desarrolle al máximo, conviene aplicarla en puntos estratégicos del cuerpo: la pare interior de las muñecas, detrás de las orejas… ¡y detrás de las rodillas! Eso sí, debemos evitar un gesto que, de forma inconsciente, realizan muchas personas al ponerse un perfume: aplicar unas gotas en ambas muñecas y después frotar una con otra. Este movimiento, además de alterar el aroma del perfume, hace que tenga una menor duración.

Cuando probemos una fragancia, hemos de procurar no llevar otra puesta. Si fuera así, lo mejor es aplicar una gota o pulverizar en los pequeños cartoncitos secantes –también llamados mouillettes- para apreciar el olor… y cómo va evolucionando.

Si al ponernos una fragancia la estamos oliendo sobre nosotros mismos mucho rato, es que ese perfume no nos va: un aroma tiene que fundirse con nuestra piel, ¡nunca imponerse!

Cuando aparecen las alergias

Para algunas personas las fragancias pueden convertirse en verdaderas enemigas. Y es que, a veces, el sistema inmune reacciona debido a las molestias respiratorias que provocan ciertos agentes presentes en algunos perfumes. Esto puede materializarse también en forma de erupciones cutáneas, náuseas, sensación de hormigueo en los labios o dolor muscular y articular.

Conviene saber que la alergia está provocada por determinadas sustancias del perfume; así que lo mejor es intentar averiguar primero qué causa la alergia y escoger las fragancias descartando las que contengan dichos alérgenos.

Es preferible evitar las fragancias que incluyan ftalatos, un disolvente inodoro ya prohibido en Francia, según nos comenta la perfumista Béatrice Aguilar, o fijadores químicos. “La única forma de saber si un perfume no contiene ninguno de estos componentes es haciendo un análisis por cromatografía de la fragancia”, así que el camino más sencillo es inclinarse por las firmas que se distingan por su compromiso natural o ecológico. Aunque también es posible que la alergia se deba a alguna de las notas olfativas, a pesar de que sean naturales. Los buenos perfumes suelen tener la mayoría de los ingredientes naturales.

La mayoría de las veces la aparición de rojeces y manchas epidérmicas está relacionada con la fotosensibilidad y el alcohol. En esos casos se recomienda usar perfumes sin alcohol y, sobre todo, no exponerse al sol cuando se utilicen.

Fabrica tus perfumes

Lo mejor de la creación de un agua de colonia son las infinitas combinaciones que podemos realizar. Para elaborar un agua de colonia natural, sólo es necesario escoger los aromas con los que trabajaremos (pueden ser aceites esenciales de limón, lavanda, rosas, etc.), y seguir los pasos que especificamos a continuación, teniendo en cuenta que las proporciones han de ser de un 80% de alcohol, un 5% de agua destilada y un 5% de esencias:

1. Disolver las esencias en alcohol, agitando levemente y dejar reposar 24 horas.
2. Añadir el agua destilada.
3- Dejar reposar en la nevera durante 15 días (a temperatura de entre 4 y 6° C).
4- Se filtra el preparado en caso de ser necesario.

Lo importante es elegir el tipo de familia olfativa o estilo de perfume que queramos elaborar: hespéride, Chipre, musgo, oriental, etc. Al elegir las esencias deberemos combinar de manera armoniosa notas altas, medias o de corazón. Si deseamos conseguir una mayor duración del perfume, podemos trabajar con fijadores naturales derivados de las resinas como el benjuí o la mirra, etc., así como utilizar en la composición aceites esenciales de aroma tan contundentes como el pachulí, el ylang-ylang

También se puede crear un perfume sólido de forma muy sencilla, sólo es necesario utilizar una base en crema para incorporar allí los aromas.

La etnobotánica nos facilita esta fórmula: “Se puede elaborar un ungüento con mantecas desodorizadas de karité o de cacao (75%), aceite de almendras (10%) y cera de abejas (8%). Lo calentaremos al baño maría para conseguir una masa homogénea. Cuando el ungüento se ha enfriado, incorporaremos los aceites esenciales (7%), así evitaremos que la fragancia se volatilice, y vaciaremos el ungüento en el contenedor final: un tarro de boca ancha con tapa”. Sólo hace falta dejarlo reposar 1 hora antes de su uso.

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