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Plantas Medicinales

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Introducción a las Plantas Medicinales

Las plantas medicinales están de moda. Puede parecer una aseveración trivial o propagandística, pero lo cierto es que basta con acercarse a una de las muchas herboristerías que hay en cualquier ciudad para comprobarlo. Cada vez son más los que confían en sus propiedades curativas y ya no es nada raro encontrar largas colas de clientes en una herboristería esperando pacientemente su turno.

Introducción a las Plantas Medicinales

Tanto es así que las farmacias han estado pugnando por obtener la exclusividad en la venta de determinadas plantas y ya llevan años ofreciendo numerosos productos naturales que antes estaban limitados a centros especializados en medicina natural. Da la impresión de que la sociedad occidental, después de casi dos siglos distanciándose de los remedios naturales hasta casi llegar a ignorarlos, los han redescubierto ahora.

Cada vez son más los que comprenden que no siempre es necesario recurrir a medicamentos químicos, muchas veces agresivos pero de acción contundente y rápida, para paliar dolencias corrientes que bien pudieran ser aliviadas con soluciones acaso más lentas, pero también mejor adaptadas a la respuesta natural del organismo. Trastornos digestivos, catarros y afecciones respiratorias, dolores de cabeza y musculares, inflamaciones osteoarticulares, infecciones genitourinarias, trastornos ginecológicos, problemas dermatológicos y una gran diversidad de dolencias relacionadas con los nervios pueden encontrar en las plantas una vía amable y a la vez eficaz de disminuir e incluso disipar sus efectos.

Las plantas medicinales han sido muy utilizadas por nuestros ancestros y se continúan usando con la misma confianza y frecuencia en muchas comunidades rurales de cualquier país. Mayor presencia mantienen aún en las tradiciones de zonas más lejanas de las nuestras pero de las que podemos aprender mucho, como la oriental, especialmente en China y en India, la que practican los pueblos amazónicos, la que han empleado los aborígenes australianos o los bosquimanos del África austral, etc.

Del conocimiento meticuloso de las hierbas medicinales del entorno obtuvieron remedios muy diversos para enfrentarse a las dolencias que más les atormentaban. Cierto es que la medicina ha evolucionado de manera imparable y que lo seguirá haciendo, para beneficio del ser humano (o mejor deberíamos decir que para el beneficio de un sector limitado de la población mundial). Pero también es cierto que una gran parte de los medicamentos actuales (hay quien lo cifra en el 50%) están basados en principios activos aislados de las plantas medicinales. Algunos de estos principios son agentes potencialmente tóxicos, como alcaloides y glicósidos cianogénicos, que deben ser aplicados con cautela y bajo estricto control médico.

Muchas veces la particularidad curativa de la planta queda reflejada en su denominación específica, como es el caso de la vulneraria Anthyllis vulneraria, que se usa para curar heridas, o el espino cerval (Rhamnus cathartica) y la jalapa (Ipomea purga), que aluden a sus evidentes propiedades laxantes y purgantes. A la hepática se le atribuía antiguamente un efecto protector sobre el hígado; la saxifraga o hierba de las piedras alude con su nombre popular a la capacidad para romper las piedras, incluidas las del riñón.

Muchas plantas merecieron a juicio de Lineo el epíteto específico de officinalis, en alusión general a sus propiedades medicinales. En el caso, entre otras muchas, del romero Rosmarinus officinalis, el diente de león Taraxacum officinale, la consuelda Symphitum officinale, el jengibre Zingiber officinale, el malvavisco Althae officinalis, la esparraguera Asparagus officinalis, la Eufrasia Euphrasia officinalis o la caléndula Calendula officinalis.