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ACEITE ESENCIAL

¿qué es?

Qué son los Aceites Esenciales

Cada minúscula gota de aceite esencial, contiene el precioso regalo curativo de la naturaleza. Cada aceite esencial, se halla íntimamente ligado a la vitalidad y la belleza de las plantas aromáticas; con cada región particular en la que crecen de forma natural o por su cultivo, e incluso con las personas que se dedican a la siembra y posterior destilación con auténtico arte y esmero. Todo cuanto necesitamos, es conocer sus propiedades para comenzar a beneficiarnos de tan preciado regalo…

Los aceites esenciales son grandes y maravillosos compañeros en éste, nuestro viaje de sanación hacia la meta espiritual. La parte más primaria del encéfalo, el sistema límbico o «cerebro emocional», responde a los aromas de forma instintiva. Los estudios han demostrado que existe una relación directa entre el corazón y el sistema límbico, y que el corazón, posee su propia inteligencia.

Cuando la conexión entre corazón y cerebro no se ve obstaculizada, se reduce nuestra resistencia a los cambios, lo que favorece el camino hacia la unidad. Las fragancias influyen silenciosamente en el cerebro emocional, provocando la apertura de nuestro corazón. Los aceites esenciales nos ofrecen sus singulares revelaciones, transformaciones y curaciones. Más adelante, cuando la vida nos conduzca por «cuestas empinadas», estos mismos aceites nos ayudarán a mantener la calma ante las dificultades, y a integrar, con serenidad y armonía, cuantos cambios hayan de producirse.

«Mi bendición va contigo para que la extiendas.
Consérvala y compártela, para que sea siempre nuestra.
Pongo la paz de Dios en tus manos y en tu corazón,
para que la conserves y la compartas.
El corazón la puede conservar debido a su pureza
y las manos la pueden ofrecer debido a su fuerza
»

(Un Curso de Milagros)

Un aceite esencial es un líquido con grandes propiedades curativas, que se crea en la estructura interna de las plantas aromáticas. En determinadas partes de estos vegetales, se encuentran unos sacos microscópicos que, a medida que la planta va madurando, se van llenando de aceite. Una manera sencilla de observarlos, es pelando un trocito finísimo de piel de naranja y a continuación mirando atentamente la cara interna. Los cientos de minúsculas bolitas que se aprecian, son los sacos de aceite esencial contenidos en la cáscara. Si se ralla o presiona con la uña, los sacos revientan, liberando la ácida fragancia de la naranja, su aceite esencial.

AromasQueCuran - Qué son los Aceites Esenciales

Los sacos de aceite esencial pueden localizarse en diversas partes, dependiendo de la fuente vegetal. Si bien los cítricos contienen el aceite en la piel del fruto, algunas plantas, como los geranios de olor o el pachulí, lo almacenan en unas células especiales situadas en el extremo de los miles de filamentos presentes en la superficie de las hojas. Por este motivo, al frotarnos las manos con ellas, éstas quedan pegajosas y con un intenso aroma en los dedos.

Plantas tan comunes como el romero o la albahaca, que crecen bajo el sol del Mediterráneo y producen grandes cantidades de aceite esencial, también contienen la esencia en las hojas. En cambio, flores como la lavanda, la rosa o el jazmín, lo producen en los pétalos, sobre todo hacia el centro de la flor, para de este modo, atraer a los polinizadores, como mariposas y abejas.

Los aceites esenciales que se encuentran en las maderas, como es el caso del cedro del Himalaya, o en las raíces, como el del jengibre, protegen al árbol o planta del ataque de depredadores, ya que sus tejidos desprenden un olor desagradable para los insectos.

Los aceites esenciales son compuestos formados por varias substancias orgánicas volátiles, que pueden ser alcoholes, acetonas, cetonas, éteres o aldehídos. Normalmente son líquidos a temperatura ambiente, y por su volatilidad, son extraíbles  por destilación en corriente de vapor de agua, aunque existen otros métodos. En general son los responsables del olor de las plantas. Se definen, según AFNOR (1998), como: «productos obtenidos a partir de una materia prima vegetal, bien por arrastre con vapor, bien por procedimientos mecánicos a partir del epicarpio de los Citrus, o bien por destilación seca. El aceite esencial se separa posteriormente de la fase acuosa por procedimientos físicos en los dos primeros modos de obtención; puede sufrir tratamientos físicos que no originen cambios significativos en su composición [por ejemplo, redestilación, aireación…].»

Esta definición establece claramente las diferencias que existen entre los aceites esenciales oficinales (que se usan en medicina), y otras sustancias aromáticas empleadas en farmacia y perfumería, conocidas comúnmente como «esencias».

Los aceites esenciales se eligen por su perfume o por sus propiedades terapéuticas. Pueden tener un efecto calmante, estimulante, antidepresivo, equilibrante, antiviral, antibacteriano, desintoxicante, analgésico, tonificante, antiséptico, enraizador o edificante.

A la hora de elegir nuestro proveedor de aceites esenciales, será muy importante tener en cuenta los siguientes parámetros informativos:

Pureza: puro al 100%, sin dilución ni mezcla con otros.

Identificación botánica: nombre botánico latino, para evitar errores y accidentes por confundirlo con otra planta.

Parte de la planta de la que se obtiene: en el caso e plantas de las que se obtienen aceites esenciales de varios tejidos vegetales, de cuál de ellos (por ejemplo, canela corteza, canela hojas, etc.).

Quimiotipo (bioquímica específica del aceite esencial: la definición de las moléculas aromáticas que lo componen, como método de conocimiento de las cualidades terapéuticas del aceite): en el caso de plantas que tienden a producir quimiotipos, señalar a cuál pertenece (por ejemplo, tomillo quimiotipo timol, tomillo quimiotipo linalol, etc.).

Proceso de extracción correcto: a veces encontramos aceites esenciales «quemados» o mal destilados, eso es importante también para obtener buenos resultados en el tratamiento.

Posibilidad de tener documentación técnica y analítica de los aceites esenciales: siempre y cuando sepamos interpretarla, y sobre todo en el ámbito de la Aromaterapia médica, este factor es imprescindible para saber qué tenemos entre manos. En usos caseros no es imprescindible este tipo de datos, puesto que no se saben interpretar.

La calidad del aceite, dependerá de muchos factores, entre los que se encuentran: la dedicación del agricultor, el lugar en el que crecen las plantas, la forma en la que se cultivan, el empleo de las especies y partes correctas de las plantas, los métodos adecuados de recolección, así como la destreza requerida en el proceso de extracción o destilación. Por otra parte, será de vital importancia contar con la garantía de que los aceites esenciales no se han adulterado antes de su envasado. Algunos aceites son de producción muy costosa, por lo que su valor varía mucho.

La mayoría de aceites esenciales son líquidos incoloros, salvo algunas excepciones, como los de la milenrama, manzanilla alemana, vetiver y nardo índico. El color azulado de los dos primeros, se debe a la presencia de un componente, aromático y de tono azul intenso llamado «azuleno». El aceite de vetiver, que se encuentra en las raíces de la planta, es marrón oscuro y pegajoso, y el del nardo índico, que también procede de las raíces de la planta, es verde.

Por otra parte, los absolutos, como el de rosa o jazmín, se obtienen mediante un proceso químico, y acostumbran a ser de color amarillo intenso o naranja, debido a los restos de pigmentos que en su momento dieron la coloración a los pétalos.

 
 

El sándalo hindú  (Santalum álbum): un recurso natural en peligro de extinción. Este aceite esencial que se destila a partir de la fragante madera del sándalo, es uno de los más preciados. Este árbol necesita alrededor de 40 años para madurar y producir aceite, pero en los últimos tiempos la tala ilegal lo ha puesto en peligro de extinción, hasta el punto de que hoy en día su esencia es escasa. Por esta

razón, se ha comenzado a utilizar la variedad australiana (Santalum spicatum).

Sea como fuere, estos aceites no tiñen la piel, ya que cuando se realizan las mezclas, el color se disuelve en el aceite portador.

Una de las características más fascinantes de los aceites esenciales, es su capacidad para evocar el ambiente de distintos lugares exóticos del planeta. Basta abrir un frasco para disfrutar con el aroma de la naranja dulce de Brasil, el pachulí de Indonesia, o la rosa Otto de Bulgaria. Sus colores son como una alfombra mágica, que nos transporta en un viaje sensorial a cualquier rincón del mundo.

Las plantas aromáticas que producen aceite esencial son más frecuentes en las zonas templadas del globo (de inviernos suaves y veranos calurosos), zonas áridas (secas y casi desérticas), así como regiones tropicales y subtropicales (húmedas y calurosas). Muy pocas crecen en lugares fríos, si bien algunos árboles aromáticos de hoja perenne, como el abeto, crecen en el norte de Europa, Estados unidos y Canadá.

Europa es una importante fuente de aceites esenciales, sobre todo los procedentes de plantas que crecen en la calurosa cuenca mediterránea del sur del continente. Esta región alberga el mayor grupo de plantas ricas en aceites esenciales, clasificados dentro de la familia botánica de las «labiadas», entre las que se encuentran la lavanda, el romero, el tomillo y la menta piperita. Los árboles cítricos, como el naranjo, el mandarino y el limonero, también crecen en esta región a pesar de ser originarios de China. Algunas plantas como el hinojo, el cilantro y la angélica, se reproducen también en el centro de Europa.

En Bulgaria, Turquía y Marruecos, las rosas de Damasco producen el aceite esencial de rosa Otto, uno de los más exquisitos. De los desiertos del norte de África y Oriente Medio, se obtienen aceites de resinas, una sustancia pegajosa que rezuma de las cortezas dañadas de árboles y plantas. El olíbano y la mirra constituyen dos conocidos ejemplos muy apreciados desde la antigüedad por su uso como incienso.

Otras fuentes de aceites esenciales exóticos son Indonesia, que produce las esencias de pachulí y vetiver; Madagascar, el hogar del ilang-ilang, y la India, mundialmente reconocida por su cardamomo, jazmín y cerillo (hierba limón o lemongrass), así como por el clásico, y lamentablemente en peligro de extinción, sándalo hindú.

LA CIENCIA DE LOS ACEITES ESENCIALES

Sólo alrededor de un 10% de la producción anual total de aceites esenciales, se destina a la Aromaterapia; el resto se distribuye entre la industria farmacéutica, alimentaria y de la perfumería. Las investigaciones llevadas a cabo por estos tres sectores, han permitido conocer qué esencias son apropiadas para la piel y cuáles para el consumo (en muy pequeñas cantidades, pueden utilizarse como intensificadores del sabor).

En sus estudios, los científicos han descubierto aspectos clave sobre las propiedades curativas de los aceites esenciales. He aquí algunas de ellas:

Acción antivírica: dado que los antibióticos no resultan efectivos contra los virus, nuestro sistema inmunológico debe luchar solo contra ellos, como en el caso de la gripe. Investigaciones realizadas en Estados Unidos, indican que aceites como el de melisa, contribuyen a combatir la reproducción vírica y, por tanto, ayudan al sistema inmunológico.

Acción fungicida: investigaciones llevadas a cabo en Australia y la India, han demostrado que el árbol del té, el cerillo (hierba limón o lemongrass) y el cilantro, actúan contra varias infecciones fúngicas, como el «pie de atleta» (llenar con agua caliente ¾ del bidé y verter 4-6 gotas) y la «candidiasis» (verter de 4 a 6 gotas en el agua del baño).

Presión arterial: la hipertensión conlleva la constricción o el estrechamiento de las arterias, que necesitan más espacio para permitir el paso del flujo sanguíneo. El ensanchamiento de las arterias se llama «vasodilatación». Científicos británicos han descubierto que los aceites de lavanda y geranio, son buenos vasodilatadores, lo que significa que son «hipotensivos» (reducen la presión arterial). Si padecemos de hipertensión, deberemos consultar con nuestro médico antes de iniciar cualquier tratamiento complementario, para asegurarnos de que no interfiere con nuestra medicación habitual.

Epilepsia: en estudios con pacientes epilépticos, se ha observado que la inhalación de aceites esenciales con alto contenido de alcanfor, como el romero, la milenrama o el espliego, han aumentado ligeramente el índice de ataques, mientras que aceites relajantes como la lavanda y el ilang-ilang, no sólo los han reducido, sino que además, han ayudado a prevenir su aparición. No obstante, en casos de epilepsia, es necesario consultar con el médico antes de usar cualquier aceite esencial.

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