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Siete Aceites esenciales Básicos

En casa podemos tener siempre disponible un pequeño botiquín aromático para las más frecuentes problemáticas del hogar. No es necesario tener muchos aceites esenciales, pero sí es importante cuáles de ellos elegimos y, sobre todo, su pureza, sin dejar nunca de lado la información mínima sobre sus cualidades, efectos, indicaciones y contraindicaciones. De este modo, podremos disfrutar de todas sus ventajas, eliminando los posibles problemas derivados del mal uso.

Según «La Biblia de la Aromaterapia» (así se conoce el texto L’Aromathérapie Exactament, de P. Franchomme y D. Pénoël, fuente de sabiduría e inspiración para todos los aromaterapeutas del mundo), con 7 aceites esenciales podemos cubrir prácticamente la mayor parte de «urgencias domésticas» con que podemos encontrarnos. Resulta una buena opción para comenzar, y en adelante, cada uno, mediante su práctica y afinidades aromáticas personales, podrá ir ampliando el repertorio, o no usar alguno de estos si así lo consideramos. Es aconsejable comenzar por lo más sencillo, para ir acercándonos poco a poco hasta lo más complejo en Aromaterapia.

No es necesario realizar preparados con muchos componentes, de igual modo que tampoco es necesario tener en casa un arsenal de aceites esenciales, con el consiguiente gasto económico que de ello se deriva, y que en muchas ocasiones terminan por no usarse. De modo que pasemos a examinar esta propuesta de la medicina aromática francesa:

 

Aceite esencial de eucalipto citriodora (Eucalypthus citriodora)

Éste es un curioso especímen de entre los más de 300 tipos de eucaliptos existentes, ya que no huele a eucalipto, sino, como su especie indica, su aroma es cítrico.

Su composición química lo convierte en un muy buen antiinflamatorio, y es además de precio bastante asequible, por lo que es muy usado en las industrias de insecticidas y limpiadores domésticos como parte de las formulaciones de aromas. En usos domésticos podemos emplearlo directamente sobre las picaduras de insectos (mosquitos, avispas, abejas, pulgas, etc.), lo que reduce rápidamente el picor y la hinchazón.

También podemos emplearlo en difusión (si nos gusta), por su poder antiséptico del aire. No obstante, conviene recordar que en este sentido, el más potente es el aceite esencial de pomelo (Citrus paradisii).

 

Aceite esencial de eucalipto radiata (Eucalipthus radiata  ssp. radiata)

Aunque muchas personas sólo conocen como eucalipto, el aceite esencial de Eucalipthus globulus,  debido al excesivo efecto broncodilatador que posee, es más conveniente utilizar este otro tipo de eucalipto, el radiata, de efecto muy potente, pero mucho más seguro.

Es, sobre todo, antiinfeccioso y antiviral, por lo que en Aromaterapia se considera como uno de los mejores antigripales que se conocen. En este sentido, trabaja muy bien sólo o acompañado a partes iguales con el aceite esencial de ravintsara (Cinnamomum camphora). Se aplica en fricciones por todo el cuerpo, especialmente en el tórax, espalda, costados e incluso brazos y piernas. También puede aplicarse sobre las plantas de los pies (donde se encuentran las zonas reflejas de todo el organismo), pues resulta muy beneficioso. Pueden aplicarse tranquilamente entre 15 y 30 gotas en estado puro, en un adulto, salvo si la persona es alérgica o sensible a alguno de los componentes.  En casos de sensibilidad, se diluye en cualquier aceite vegetal o portador.

En caso de dolores de oído, puede prepararse una dilución al 5% y aplicarse en masaje alrededor del oído externamente. Un médico podría realizar aplicaciones internas, pero en caso de aplicaciones caseras, corremos el riesgo de empeorar situaciones como la perforación de tímpanos, ocluir la salida de pus, y con ello agravar la situación de la persona, así que es mejor «quedarse fuera».

También es un aceite esencial muy agradable para difusión ambiental, muy refrescante y revitalizante.

 

Aceite esencial de lavanda (Lavandula angustifolia ssp. angustifolia)

Éste es el aceite esencial más conocido y utilizado de todos, aunque en los últimos tiempos está siendo desplazado en muchas aplicaciones por el de árbol del té (Melaleuca alternifolia).

Este aceite esencial también se conoce como «lavanda vera» y otros nombres, y no debe confundirse con el espliego (Lavandula spica o Lavandula latifolia), ya que son especies distintas con aceites esenciales y aplicaciones muy diferentes. Sin embargo, en muchos libros de Aromaterapia traducidos al castellano, puede verse que se da indiferentemente igual calificación a la lavanda que al espliego. Esto se debe a la falta de conocimiento botánico y aromaterapéutico de los traductores, y nunca llevará a un problema serio de intoxicación o irritación dérmica, pero es posible que no se consiga el efecto deseado si, por ejemplo, usamos espliego en lugar de lavanda, ya que son de naturaleza contraria (la lavanda es sedante-relajante, mientras que el espliego es tonificante-estimulante).

La lavanda se considera el aceite esencial «comodín», sirve para todo y para todo va bien. Esta afirmación tiene parte de verdad, pero sin llegar a la exageración. Es un aceite esencial muy dulce y agradable, digamos que muy amigable con nosotros, que sirve para quemaduras, heridas, estados de nerviosismo y estrés –especialmente en niños-.

Se dice que la Aromaterapia comenzó, tal y como la conocemos actualmente, cuando el químico francés René M. Gattefossé, tras sufrir una quemadura en su laboratorio por la explosión de uno de los artefactos, de modo instintivo introdujo la mano en el primer recipiente con líquido que encontró y que resultó ser de aceite esencial de lavanda. Maravillado por el efecto curativo rápido, cese del dolor, etc., comenzó a investigar en la línea de los efectos terapéuticos de una materia prima natural, que hasta aquel momento sólo se había considerado desde el punto de vista de la industria de la perfumería, dando lugar de este modo a la terapia natural acuñada con el término Aromaterapia.

Para tratar quemaduras, es muy importante su aplicación rápida y frecuente tras el suceso (sobre todo de pequeñas quemaduras domésticas).

 

Aceite esencial de siempreviva (Helichrysum italicum ssp. serotinum)

Aquí resulta especialmente importante tener en cuenta el nombre botánico, ya que existe también el aceite esencial de Helichrysum stoechas, que no posee las mismas propiedades y resulta más económico porque tiene mucha menos demanda.

Tiene un efecto anti-hematomas muy potente. Diluido al 5% en un aceite portador (en este caso, actúa sinérgicamente muy bien con el de rosa mosqueta), es lo mejor para reabsorber hematomas e impedir su aparición si se aplica enseguida. También se emplea en dolores de tipo reumático, masajeando en las zonas afectadas con este aceite esencial diluido en un aceite portador. Junto con rosa mosqueta y otros aceites esenciales, es, por sus propiedades regeneradoras, excelente en cualquier preparado cosmético de esta naturaleza (arrugas, estrías, «anti-edad», cicatrices, etc.).

 

Aceite esencial de menta piperita (Mentha x piperita)

Gracias a su naturaleza glacial (como el hielo), su aplicación inmediatamente después de un golpe o contusión, tiene un efecto anestésico  (dolor) y previene la reacción edematosa por su efecto antiinflamatorio.

También se emplea en caso de cefalea y migraña en frente, sienes/lóbulos (orejas) y nuca, una gota es suficiente para varios puntos de aplicación. No conviene excederse, ya hay que tener mucha precaución para que no entre en contacto con los ojos, ya que es muy irritante (si ocurriera, limpiar con cualquier aceite vegetal). En caso de indigestión, podemos hacer una mezcla de uso externo, masajeando el vientre con movimientos en el sentido horario (de izquierda a derecha).

En caso de mareos y como preventivo de vómitos en embarazadas, puede olerse una pequeña cantidad en un pañuelo. También alivia mucho y despeja las vías respiratorias este tipo de aplicación, por lo que nos puede servir en invierno como descongestivo nasal.

Por último, lo usamos en forma de enjuagues bucales (1-3 gotas en un vaso de agua), para calmar dolores de encías y dientes (no sustituye el tratamiento médico, sólo alivia el dolor).

No debe usarse nunca este aceite esencial en niños pequeños y bebés, podría producir un espasmo laríngeo (incluso por vía externa, dependiendo de la concentración de la mezcla). Mantener alejado de su alcance: es un aceite esencial con un aroma muy apetitoso, y dan ganas de comerlo (de hecho se emplea en gran cantidad de alimentos, postres, dulces, helados, etc.).

 

Aceite esencial de Origanum compactum quimiotipo carvacrol y otros oréganos (Origanum vulgare…)

Estos aceites son «la artillería pesada» de la Aromaterapia. Por su efecto antiinfeccioso mayor, se emplean en Aromaterapia médica para los casos de infecciones resistentes. En usos caseros, los destinaremos a aplicaciones antiinfecciosas sobre la piel, sin olvidar nunca diluirlos adecuadamente en un aceite vegetal.

Conviene acordarse de ellos en infecciones muy resistentes, como sucede a veces con hongos, donde otros aceites esenciales más suaves no llegan (árbol del té, palmarrosa, lavanda, etc.). También son útiles para enjuagues bucales en infecciones dentales y de encías, y en gargarismos para infecciones de garganta. Hay que ser muy cuidadosos en estos casos, y no exceder de 1 gota en un vaso grande de agua, ya que estos aceites esenciales son muy irritantes para la piel y las mucosas. En ocasiones, para las infecciones de garganta, se usan de forma casi homeopática, mojando ligeramente la punta de un mondadientes (una microgota) y poniéndola debajo de la lengua, para que active el sistema defensivo orgánico.

 

Aceite esencial de tomillo (Thymus vulgaris quimiotipo tujanol)

Éste es un aceite esencial antimicrobiano, poco agresivo para la piel (vigilar los quimiotipos ricos en fenoles, como el tomillo quimiotipo timol, quimiotipo carvacrol o quimiotipo paracimeno, que son muy irritantes en estado puro), por lo que se usa con más seguridad que otros quimiotipos.

También se emplea para infecciones como faringitis, sinusitis, otitis, del mismo modo que se ha explicado para los aceites esenciales anteriores. Su aroma es muy agradable. El problema con este quimiotipo es que no siempre se encuentra fácilmente y, de conseguirlo, es considerablemente más caro que el resto de tomillos.

Un poco por debajo en efectividad, pero más fácil de conseguir, es el tomillo quimiotipo linalol, en la línea de los no irritantes para la piel, que también puede emplearse con mucha tranquilidad en todo tipo de preparados cutáneos dermatológicos, cosméticos y estéticos.

Como antimicrobiano, pero con un aroma muy inferior, podría sustituirse por el aceite esencial de árbol del té (Melaleuca alternifolia quimiotipo terpineol-4).

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