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Los Olores en las Relaciones Sociales

Fuente: Extraído del libro “Aromaterapia Moderna”, de Adolfo Pérez Agustí

Aunque la influencia de los olores es algo ya perfectamente admitido, aún hay quienes consideran que la acción de los olores en el comportamiento humano es tan mínima que no merece ni siquiera tenerla en consideración, ni siquiera para aprovecharla en nuestro provecho.  Fíjense sino en los hospitales y notarán que los olores que allí se perciben son tenebrosos, inquietantes y hasta fríos, pero nunca agradables.

Los Olores en las Relaciones Sociales

La creencia médica de que cualquier olor que no sea el del ozono, el cloro u otro desinfectante hay que eliminarlo, y por supuesto prohibirlo, ha motivado el que nadie se atreva ni siquiera a sugerir ambientar adecuadamente los recintos hospitalarios. Por supuesto, todavía estamos lejos de conseguir que cada enfermo, cada enfermedad, tenga su aroma particular que le influya beneficiosamente en su mal, de la misma manera que pueden influir los colores de las paredes o la música. Pero si ni siquiera las plantas medicinales han encontrado un lugar de privilegio en los hospitales, tan experimentadas y eficaces, mucho menos lo encontrarán esos otros remedios más sutiles.

Lo único que la ciencia admite es que los olores desagradables hay que eliminarlos y en ese sentido se piensa que el agua no debe tener olor ni sabor, que el sudor hay que taparlo con desodorantes y que todo debe oler a limpio, sin concesión alguna a los aromas. Sobre este aspecto es curioso que mientras que para un ama de casa oler a limpio es oler, por ejemplo, a pino, para un médico la limpieza de un hospital consiste en oler a desinfectante, para una madre su bebé olerá a limpio cuando huela a Nenuco, y para la mayoría de la gente una persona olerá a limpio cuando –paradójicamente- no huela a nada.

Afortunadamente una nueva legión de terapeutas de todos los países y de todos los tipos de medicinas, están tratando de analizar y con ello utilizar la Aromaterapia, tanto para curar las enfermedades como para corregir problemas de carácter o, al menos, dar un soplo de felicidad a las gentes.

Los Olores Afrodisíacos

Las pequeñas moléculas orgánicas volátiles corporales son de importancia extrema entre muchos animales, especialmente para la transmisión de información de su disponibilidad sexual hacia los miembros del sexo opuesto. Denominadas como feromonas, su nombre procede de una palabra griega que significa “transferir excitación”, y por eso nadie duda ya de que una noche de pasión puede constituir un delirio para el cuerpo si le añadimos unas gotas de esencia embriagadora.

Y es que hasta las “malvadas brujas” comprendieron lo irresistibles que podían ser los perfumes cuando elaboraron los misteriosos filtros de amor, la mayoría de ellos mezclando sándalo y ámbar con otros compuestos menos agradables.

También es cierto que cuando la pasión está en su cénit, las secreciones de las glándulas genitales tienen un olor muy peculiar, el cual acrecienta enormemente el deseo de acoplamiento, llegando a hacerlo algo ya imparable. Por este motivo los desodorantes femeninos, lejos de constituir un atractivo al eliminar el olor vaginal, pueden ser un freno para el estímulo, ya que junto con el flujo se encuentran las feromonas, esos compuestos que parecen ser la clave para la atracción sexual. O sea, que a mayor cantidad de feromonas, mayor facilidad para amar y ser amados.

Afortunadamente estos elixires naturales no solamente lo segregan las glándulas genitales (con lo que nos veríamos obligados a ir desnudos para que alguien los pudiera oler), sino que se encuentran en abundancia en el sudor, las lágrimas y hasta en la cera de los oídos. No es extraño entonces que en verano las pasiones amorosas se desaten, ya que junto al hecho de ir ligeros de ropa –ya de por sí un atractivo para la seducción-, tenemos el sudor, el cual posee las apreciadas feromonas.

Un estudio realizado en un colegio mixto con jóvenes mayores de 14 años, consistió en hacerles oler prendas de ropa que habían llevado puestas sus compañeros del sexo contrario, aunque no sabían quién llevaba cuál. Una vez que escogieron aquellas pendas, seleccionándolas solamente por el olor (pues tenían los ojos vendados), se averiguó que correspondían a los chicos habitualmente más atractivos. Por supuesto, ninguno de ellos utilizó colonias de ningún tipo y todos se ducharon ampliamente antes de la prueba. El mismo experimento, ahora con prendas femeninas, dio resultados similares en los chicos, eligiendo todos nuevamente una o dos prendas del grupo de veinte.

¿Y qué pasa si nuestro organismo no segrega la suficiente cantidad de feromonas? ¿Cómo podemos saber si somos unos privilegiados en ese aspecto o necesitamos una inyección adicional? Pues hasta ahora nos tenemos que conformar con deducirlo calculando nuestras conquistas mensuales; pocas conquistas, pocas feromonas. Pero no se preocupen aquellos (o aquellas) cuya capacidad de seducir está baja o ni siquiera estuvo nunca en alza, ya que existen muchas soluciones para ser irresistibles, o al menos mejor aceptados.

Feromonas Animales

Las mariposas hembras del género Bombyx sueltan una sustancia química llamada bombycol y tan potente es que 100 moléculas son suficientes para evocar una contestación sexual de un macho Bombyx.

Esto podría compararse con el millón de moléculas de la toxina botulinual A (la sustancia más tóxica conocida) requerida para matar a un ratón.

Algunas flores emplean igualmente feromonas para atraer a los insectos, como por ejemplo la orquídea insectífera Ophrys que suelta una mezcla de elementos químicos que atraen al hymenopteras masculino del género Argogorytes. Debido al olor, los machos creen que las flores de la orquídea son hembras de sus propias especies, e intentan copular.

Naturalmente, todo es infructuoso, excepto por los granos de polen de la orquídea que se pegan a sus patas y así, la próxima vez que intentan copular con una flor de orquídea, los granos de polen se transfieren y siguen polinizando la flor.

Incluso los animales grandes pueden hacer uso de feromonas. Dos investigadores del Oregon Graduate Institute de Ciencia en Portland, Oregón, EEUU, usaron 4000 litros de orina de elefante buscando una sustancia soltada por los elefantes hembras sólo antes de la ovulación. Al parecer, esta sustancia permite a los elefantes machos saber qué tiempo es el correcto para el romance. Sorprendentemente, resulta que esta feromona del elefante, la cis-7-dodecenyl acetato, es la misma que emplean algunos insectos.

Feromonas Humanas

El cuerpo humano segrega varios compuestos con olores fuertes, así como otros que pueden ser transformados por bacterias en productos químicos con un olor peculiar. Los ácidos grasos volátiles se forman en las secreciones vaginales normales de muchos primates, incluso los humanos, y su fuerte olor (por ejemplo, el ácido butírico con olor de manteca rancia) se ha mostrado como un fuerte estimulante para los monos machos y aumenta su actividad sexual.

Muchas hormonas esteroides, y los elementos químicos relacionados, tienen un olor notable, incluso la llamada androsterona. En otro experimento, se rociaron algunos asientos en un teatro con una androsterona y las mujeres entre el público mostraron preferencia significativa por esos asientos rociados. En otro ensayo, unos hombres tenían que escoger a las mujeres más atractivas de una colección de fotografías. Resultó que cuando uno de ellos podía oler una androsterona al mismo tiempo que ver una fotografía, aumentaba la probabilidad de que la mujer de la fotografía fuera seleccionada.

También es sabido que los humanos tienen glándulas en la base de los folículos de pelo, sobre todo en los sobacos y en la región genital, que producen sustancias químicas no bien identificadas todavía, con un olor que podría afectar a los miembros del sexo opuesto. Estos elementos químicos se extienden encima de la superficie del pelo y por ello son eficazmente disipados.

Los grandes intereses comerciales en feromonas humanas hacen casi imposible obtener información fiable sobre este asunto, aunque ya están comercializándose dos compuestos aislados respectivamente de la hembra y el sudor masculino como perfumes con actividad real como feromonas sexuales. Su precio es, sin embargo, casi prohibitivo y los efectos no están comprobados.

Una costumbre americana antigua, citaba en “El olor de Eros” a un hombre que guardaba un pañuelo en su sobaco mientras bailaba. Después del baile él lo presentaba a su compañera y, supuestamente, el efecto era que eso actuaba como afrodisíaco.

Olores y Perfumes

El hombre probablemente siempre usó varias preparaciones olorosas para aumentar su atractivo al sexo opuesto, quizá en un esfuerzo inconsciente por imitar las feromonas humanas o sólo para crear una atmósfera de asociaciones positivas. ¿Qué tiene un buen olor para favorecer el encuentro sexual? Se ha demostrado que uno de los olores de perfume más populares, el almizcle, es parecido al olor de la testosterona, la hormona del sexo masculino.

Los romanos usaron perfumes, incluso perfumes basados en el algia y el ámbar, pródigamente. El primero se deriva de la secreción del algia-gato, y el segundo del esperma de la ballena, aunque el ámbar es más un portador de olores que un perfume propio y se ha usado para restaurar poderes vitales en aquellos que ya los tienen agotados por varias razones.

Otros Olores

Incluso el olor de comida puede actuar como un afrodisíaco. Para la mayoría de la gente hacer el amor debe ir precedido de una buena comida, quizá para ganar fuerzas, pero Alan Hisch, neurólogo de Chicago, tasó la respuesta masculina cambiando varios olores y midiendo el flujo de sangre del miembro masculino, encontrando que ciertos olores de comida funcionan mejor que otros. La comida que más alto llegó en la lista de la evaluación fueron los bollos de canela, asado de carne y pizza de queso, pero también, y sorprendentemente, fueron el chocolate, la vainilla, la fresa y la menta. En algunos casos el término medio en el aumento del flujo de sangre del miembro masculino fue del 40%. Posiblemente el efecto se deba a la esencia aromática empleada, pues sabemos que tanto la canela como la vainilla y la menta son afrodisíacos, pero no hay datos sobre el olor de la carne.

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