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salud natural

Las hojas y el aceite de oliva en medicina popular

Publicado en revista Integral - Nº 410


Nuestra civilización clásica y mediterránea, y todas las que han contribuido a forjar nuestra cultura, están impregnadas de aceite de oliva.

Griegos y romanos difundieron el cultivo del olivo, la viña y el trigo con sus conquistas guerreras y comerciales, y posteriormente los árabes aportaron los almendros, las naranjas y el arroz, insistiendo también en el olivo, árbol al que todas las culturas han respetado mucho y siempre ha tenido una gran significación.

Pero lo que ahora veremos de él son sus usos en la medicina popular, muy variados y eficaces.

El aceite todavía se sigue extrayendo en rústicos lagares, de un modo que difiere poco del de hace un siglo. El proceso es sencillo: con la fuerza de un río o de un motor, por medio de unas piedras cónicas enormes, se muele la aceituna como si fuese trigo –porque en el hueso también hay mucho aceite. La papilla resultante se pone en capitas sobre grandes planchas circulares de esparto hasta hacer una torre que luego se prensa fuertemente. El zumo que sale es el aceite.

El bagazo, que son las tortas o restos que quedan después de prensar la aceituna, constituye un alimenticio pienso para el ganado. También lo emplean algunas fábricas de jabones.

El jabón casero se hace con los posos que quedan en el fondo de las tinajas de aceite. Existe un sistema casero para obtener aceite en pequeñas cantidades que utilizaban nuestros bisabuelos: se machacan las aceitunas con una maza, se echa agua hirviendo sobre la papilla, se revuelve, y como el aceite pesa menos, flota. Se decanta, se filtra y ya está. Con otras semillas también se puede sacar aceite machacando y prensándolas dentro de un lienzo.

EL OLIVO

Desde siempre el olivo ha sido protagonista de la mitología, símbolo de la sabiduría, la paz y la prosperidad (esto último por su color siempre verde). Los griegos lo veían como el signo de la inmortalidad, coronaban a los atletas vencedores con sus hojas y enterraban a los muertos bajo su tronco.

Es un legado que ha seguido su propio camino hasta hoy: los grandes cultivadores de olivos en el mundo son Italia, la Provenza francesa, Grecia, Túnez y España. Nuestra tierra produce el mejor aceite de oliva del mundo, pero no sabemos si por mucho tiempo, dados los desmanes que se están cometiendo contra el olivo y los olivareros.

LAS ACEITUNAS

Las aceitunas son uno de los alimentos más apreciados y conocidos de la Antigüedad. Durante generaciones, un puñado de aceitunas, algunas cebollas y un pedazo de pan, han sido frecuentemente el menú de seres tan variados como el paisano provenzal o el nómada tuareg del desierto.

El fuerte sabor de las aceitunas favorece la secreción de jugos salivares y gástricos, por ello es una buena práctica consumirlas como aperitivo.

A pesar de que la aceituna tiene cierta fama de ser indigesta, en realidad es el resultado de no someterla a una adecuada masticación. De todas maneras, conviene distinguir características y composiciones entre la aceituna verde y la negra. Las aceitunas verdes se cosechan entre septiembre y octubre, es decir, al inicio del otoño. En cambio, para obtener las negras debe esperarse a que el fruto haya alcanzado su grado de completa madurez y esté completamente negro y arrugado. Las aceitunas negras se secan pues al sol y en su árbol, cosa que no puede decirse de las verdes, desamargadas siempre con productos químicos, como veremos.

La composición de unas y otras difiere fundamentalmente. Las aceitunas secas o negras son mucho más concentradas, destacando su rico contenido en sustancias grasas, lo que les confiere un elevado poder calórico.

HOJAS DE OLIVO

De entre todos los vegetales, esta hoja de brillante color verde grisáceo, simboliza la paz en el pico de la blanca paloma. Pero además del lado poético-simbólico, también tiene un significado más práctico: poder aportar la paz a enfermos que padecen hipertensión (presión alta). Las hojas del olivo, persistentes durante el invierno, duras y coriáceas, configuran en el árbol un conjunto frondoso y móvil de forma y volumen diversos según el sistema de poda, pero desde hace muchos años, se conoce empíricamente esta propiedad de reducir la presión de la sangre y por ello se emplea en medicina popular.

Una vez más, cuando se han profundizado en el estudio de las hojas de olivo, se ha visto que la creencia popular no estaba desencaminada. Las hojas del olivo poseen las propiedades que se les atribuía desde hace siglos, junto a otras que se ignoraban, pero que podemos resumir así:

▪ Aumentan notablemente la diuresis (cantidad de orina)
▪ Ejercen una acción favorable sobre las funciones del hígado
▪ Regularizan el funcionamiento intestinal (se considera que es consecuencia de lo anterior)
▪ Disminuyen la presión arterial cuando es demasiado alta

La mejor forma de utilizarlas es como cocimiento. Para ello se colocan en 300 cm3 de agua unas veinte hojas de olivo, haciéndolas hervir durante un cuarto de hora, hasta que el agua se reduzca a unos 200 cm3 (en una tercera parte). Después se filtra y se puede endulzar con miel si se considera necesario.

La bebida se toma caliente por la mañana y por la noche durante 15 días. Debe descansarse una semana y volver a tomarla otra vez durante 15 días más.

Las hojas de olivo destinadas a fines medicinales pueden recolectarse en cualquier época del año. Para conservarlas, una vez secas, se guardan a cubierto del polvo en lugar seco, al abrigo de la humedad.

EL MARAVILLOSO OLIVO

Árbol recio, rústico, que casi todo lo aguanta como el más silvestre de los árboles, soporta la sequía, las malas tierras y lo que le echen. Pero eso sí, le gusta el sol más que a las lagartijas y encima es generoso (independientemente de lo rentable que sea comercialmente). Hay que conocer, preparar y apreciar sus frutos, pues son muchos los miles de olivos que cada año se talan y otros tantos los que se abandonan al no valorar el público el aceite de oliva.

Insistir que las hojas de olivo se utilizan en el Sur igual que las del muérdago en el Norte: para bajar la presión sanguínea, y son algo febrífugas y diuréticas. Las aceitunas preparadas de un modo natural, además de ser un buen alimento, rico sobre todo en grasas de fácil asimilación, son algo laxantes, aperitivas y fortifican el estómago. Su pulpa contiene un 11,75% de proteínas.

El aceite es también bueno para aplicarlo sobre las quemaduras. Tomando una cucharada en ayunas, es laxante y elimina los gusanos intestinales. En caso de estreñimiento rebelde, se usa en lavativas y resulta un interesante remedio para los cólicos hepáticos y nefríticos. Asimismo, facilita la digestión, pues estimula las funciones del hígado y la vesícula biliar.

EL ACEITE COMO MEDICAMENTO

El aceite de oliva es la grasa más fácilmente digerible para el organismo. Posee también un enorme valor alimenticio y extraordinaria fuerza calórica (943 calorías por cada 100 g de aceite).

Como resultado de la primera presión (en frío, por descontado), es decir, después de someter a las aceitunas a una presión moderada, se obtiene un producto amarillo/verdoso, dulzón y de agradable aroma, que es el verdadero aceite de oliva virgen, el más preciado (no debe confundirse con el llamado “puro”, que es un producto secundario y diferente).

Como medicamento, este aceite virgen, ha de tomarse separado de las comidas y con el estómago vacío. Recordemos que el jugo gástrico, de características ácidas, no posee la menor acción sobre el aceite de oliva, ni lo digiere ni lo transporta, ya que para ello se requiere un medio alcalino como el del intestino delgado.

El aceite virgen (repetimos que ingerido en ayunas o con el estómago vacío), ejerce una doble acción muy beneficiosa para el hígado, pues por una parte estimula la producción de bilis (efecto colerético) y por otra ejerce una acción estimulante sobre su secreción o expulsión hacia el intestino (efecto colagogo). Incrementa por tanto la secreción de bilis, eleva la proporción de cuerpos grasos en la misma y a su vez facilita las contracciones de la vesícula biliar, lo que asegura su vaciado.

¿Cuál es la dosis adecuada?

Son inútiles y contraproducentes las dosis elevadas, sobre todo en el inicio de su aplicación. Debe comenzarse con media cucharadita en cada toma hasta llegar a dos cucharadas soperas.

También puede tomarse, si apetece, una infusión caliente de cualquiera de las plantas consideradas como hepáticas: boldo, poleo, romero, eucalipto; o bien una mezcla de ellas.

A ser posible, conviene permanecer acostado durante media hora sobre el lado derecho, con una bolsa de agua caliente o calor local junto a la región hepática. Ingerido en estas condiciones, el aceite tiende a reducir algo la acidez del jugo gástrico, facilitando y regularizando la evacuación del contenido intestinal, por lo cual ejerce una suave acción laxante.

En caso de los cálculos de vesícula biliar, el malestar o dolor en la región del hígado cede o se debilita si durante 10-12 días se toman en ayunas entre 1 y 2 cucharadas de aceite de oliva virgen.

Otras aplicaciones

Por su facilidad para disolver una gran cantidad de sustancias, el aceite aparece en la composición de numerosos ungüentos. Aplicado sobre golpes o quemaduras, acelera mucho su curación.

Se usa también como antídoto o contraveneno. Para ello se mezclan en un vaso agua tibia y aceite a partes iguales. El preparado es un eficaz vomitivo que atenúa el efecto del veneno hasta la llegada del médico. En caso de que no se produjera el vómito, deberían tomarse más vasos.

También se ha utilizado mucho el aceite mezclado con una mayor proporción de agua para obtener una lavativa emoliente (es decir, que relaja y ablanda las partes inflamadas). Se consigue así la defecación en los casos de estreñimiento pertinaz.

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