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El cultivo de plantas aromáticas y medicinales

Publicado en revista Integral - Nº 402

 

El cultivo de plantas aromáticas y medicinales: Hoy en día son casi mil el número de especies vegetales aprovechadas por la farmacopea occidental. Aunque no todas puedan o convengan ser cultivadas, buena parte son una verdadera fuente de recursos a medio o corto plazo para todos los que vivan en el campo y dispongan de superficies de más de una hectárea.

En España, según un viejo estudio del Ministerio de Agricultura (1981), la superficie cultivada de plantas aromáticas y medicinales cultivada es de más de 9.000 hectáreas, frente a una demanda que necesitaría unas 45.000 hectáreas, y eso sin contar con la exportación. Es elocuente, por ejemplo, ver cómo los grandes mayoristas de plantas medicinales importan un barco entero de manzanilla (Matricaria camomila) para abastecer la demanda. Por eso vale la pena considerar seriamente las cifras y posibilidades de cultivo como un trabajo rentable y con buenas perspectivas.

Antes de ponernos en marcha: conviene contar con alguna experiencia o la colaboración de quien la tenga, si bien se trata de una empresa que no requiere grandes capitales ni conocimientos especiales, tampoco el empleo de muchas horas de labor. Solo una actitud racional y algo de imaginación para resolver los pequeños problemas que se presenten.

Los rendimientos en calidad y cantidad de las plantas, del producto terminado, son muy variables y no puede afirmarse que tal clima o tal suelo sea definitivo y categóricamente ideal.

 

OLIGOELEMENTOS

Por eso mismo, los análisis de suelos, a los que son tan aficionados los agricultores noveles, tienen escasa utilidad en estos cultivos. Gran parte del progreso de estas especies depende de la presencia de algunos elementos químicos que están de forma natural en los suelos, pero en cantidades muy pequeñas. Son los oligoelementos. Su función no está bien estudiada y menos en relación con estas plantas, pero se sabe que son muy importantes.

Lo fundamental es evitar los terrenos pesados, mal drenados, inundables o bajos, donde el agua se acumula durante mucho tiempo.

 

RIEGO Y ABONOS ECOLÓGICOS

El riego es necesario, pero no en demasía. Estos cultivos requieren agua en mucha menor cantidad que el maíz, por ejemplo. Pero en épocas de sequía, algo de agua es necesario. La cantidad depende de bastantes factores, como la capacidad de absorción del suelo, la evaporación, la insolación, etc.

En los primeros ensayos, la experiencia necesaria para decidir cuándo, cómo y cuánto regar deberá adquirirse sobre el terreno.

En estos cultivos se imponen rigurosamente los usos y prácticas de la agricultura ecológica, tanto por la salud de las plantas como para la de las personas que las consumirán. Además en este caso es más económica. Con los restos de las plantas desecadas, una vez separadas las hojas de las ramas secas, se pueden preparar excelentes abonos orgánicos. O simplemente incorporarlos a los surcos una vez triturados en una cortadora de forraje. La robustez de estas plantas no requiere más abono que este preparado.

Por descontado, no utilizaremos herbicidas, que además de no ser necesarios aquí, sería muy peligroso para las plantas aromáticas y podría matarlas. Las empresas compradoras suelen realizar análisis muy completos y la presencia de algún veneno, aun en pequeñas cantidades, puede hacer que rechacen toda la partida y hasta que incluyan la zona de producción afectada en una especie de “lista negra”. De todas formas, son especies resistentes a las plagas y algunas repelen a los insectos.

 

SEMILLEROS

No hay prácticamente diferencia alguna entre un semillero de hortalizas y otro de plantas aromáticas. Por eso la lectura de algún texto sobre cultivos de huerta será de suma utilidad.

Hay que proteger los semilleros de los cambios violentos de temperatura y de los descensos propios del invierno, cubriéndose con plásticos en forma de túneles bajos que deberemos retirar al mediodía, o cuando los días sean muy templados. Si no se ventilan, la elevada humedad puede ser fatal. Los sembrados en primavera no necesitan estos túneles protectores, pero si la temperatura y la insolación aumentan en exceso, habrá que protegerlos del sol con una cubierta de cañizos a unos 30 cm del suelo, o con una red especial llamada “de media sombra”, hecha de plástico y similar a la que emplean los viveristas profesionales.

 

MALEZA Y HORMIGAS

En los semilleros hay que vigilar de cerca la proliferación de malezas. Si logran invadir el sembrado, llegará un momento en que estará todo perdido y habrá que empezar nuevamente. Las malezas se arrancan simplemente tirando de ellas cuando son pequeñas. Recién nacidas, algunas malas hierbas son difíciles de identificar, pero poco a poco se diferencian de nuestras futuras plantas cultivadas.

La forma más práctica de reconocerlas es por el sabor. Parecerá poco científico, pero algunas malezas son muy parecidas y ante la duda lo mejor es eso. Todas las plantas aromáticas, no las medicinales, tienen un sabor característico nada más emerger de la tierra. En cuanto se reconozcan las malezas conviene arrancarlas sin miramientos.

También hay que vigilar las hormigas. Un remedio tradicional consiste en inundar el hormiguero hasta que rebose; esta tarea puede llevar un rato, pero es definitiva.

 

EL TAMAÑO DEL SEMILLERO

Los semilleros no deben tener más de un metro de anchura. De ese modo el brazo alcanza el centro de los mismos y se facilita el arrancado de las malas hierbas a medida que van saliendo.

En caso de hacer varias camas de siembra, se dejará un espacio entre una y otra también de un metro de ancho para poder circular entre ellas con comodidad.

En la mayoría de plantas un semillero de 20 m2 (o sea 1 metros por 20 de largo), será suficiente para permitir el desarrollo de 35.000 plantones. Con esta cantidad se puede cubrir una hectárea de cultivo definitivo. Siempre es conveniente preparar un poco más, para evitar que a última hora falten plantones.

 

EL TRASPLANTE

Pasados unos meses, cuando las plantas tengan unos 15 cm de altura, se hará el trasplante al terreno definitivo. Los plantones no deben arrancarse bruscamente; antes se les dará un riego abundante para ablandar la tierra. Con cuidado para no romper las raíces, se colocan en cestos en cantidades moderadas y se llevan al campo.

La tierra de cultivo ya estará preparada, mullida en la superficie (a no más de 10 cm de profundidad), con los surcos hechos y bien regada. El mejor momento para el trasplante es la tarde, pues de ese modo se evita que las plantas sufran, en un primer momento, los calores del mediodía. Los días nublados son ideales.

Salvo algunas excepciones, estas plantas son perennes, o sea que una vez trasplantadas, permanecen durante varios años. Todos los esfuerzos para hacer una plantación bien cuidada serán recompensados por una producción abundante y sana. La naturaleza retribuye generosamente el trabajo bien hecho y castiga el descuido y la falta de atención.

 

LA COSECHA

La recolección ha de realizarse con mucho cuidado, especialmente cuando se trata de flores, aunque también en el caso de que la parte aprovechada sea la hoja o la raíz. Cada especie tiene una época de mayor rendimiento en principios aromáticos. Como norma general, la cosecha se efectúa en tiempo seco y por la mañana temprano hasta las once. Conviene que quienes realicen esta tarea estén adiestrados. Normalmente una hectárea se puede cosechar con 10 jornales, o sea, 10 personas trabajando un día (o 5 en dos días o 2 en cinco días). Y también conviene que los instrumentos de corte sean los utilizados en la zona: cuchillos, hoces, tijeras o machetes, cualquiera de ellos puede ser manejado si se maneja bien.

Las máquinas cosechadoras son rentables para este trabajo únicamente cuando se trata de extensiones superiores a 30 hectáreas. Además de difíciles de conseguir, son de un precio bastante alto y de una efectividad relativa. Es mejor pagar a los recolectores por día y no por cantidad recogida. Da más preocupación por el rendimiento del trabajo, pero garantiza la buena calidad de lo recolectado. Tanto es así que a veces se conceden “denominaciones de origen” a algunas especies y lugares, por lo cual, quien desee dedicarse profesionalmente a esta actividad, hará bien en cuidar que su zona sea identificada como productora de buena calidad.

Las partes cortadas se van acumulando en los surcos o en sacos llevados por los recolectores. Luego, en los bordes de la plantación, un carretón o algún medio idóneo los llevará al lugar de secado. Las plantas cortadas pueden permanecer en el campo para orearse 24 horas como máximo.

 

EL SECADO

Es la otra forma de presentación.

• Para ello, a medida que se va realizando la cosecha, el producto se va juntando en un suelo limpio, como el de las eras de la trilla de cereales o, mejor, de ladrillo.
• También pueden utilizarse sacos de arpillera desatados y extendidos para obtener una superficie libre de polvo y de tierra, aunque de todas formas esto será eliminado en los pases finales por las cribas.
• El piso ha de estar protegido de la lluvia, que pudriría las plantas en pocas horas, y del sol directo, que produciría un “ardido” y también las inutilizaría para la venta. Este techado no tiene por qué ser una construcción costosa. Uno provisional o base de un emparedado de cañizo, plástico agrario y cañizo protege muy bien.
• Tómese una superficie cubierta de 100 m2 por hectárea de cultivo como base. En caso de cultivar dos hectáreas pueden servir 150 m2, ya que el cultivo se podrá recolectar de forma escalonada. El secado dependerá de las condiciones climáticas, aire en movimiento, temperatura, humedad ambiental, etc.
• A medida que la plantación se vaya extendiendo, será necesario ampliar la superficie cubierta.
• Esta construcción es una inversión necesaria para evitar daños irreparables, porque el resultado de largos meses de estudios, ensayos, pruebas, inversiones y trabajos se acumulará en este momento. La altura más razonable es de unos 2 metros y medio.
• No debe amontonarse ninguna planta en espesores de más de 10 cm. En caso contrario, el riesgo de que se produzca el “ardido” o deterioro es muy alto. Recordemos que los compradores exigirán una presentación y un aspecto agradables, y esto se consigue sólo con un proceso correcto de secado.

 

LA CRIBA

Tras el secado habrá que pensar en una criba acorde al volumen recolectado; se instalará también bajo techo para separar las hojas de los tallos o lo que se vende de lo que se descarta. El tamaño y número de perforaciones depende de cada planta. Serán necesarias algunas pruebas, aunque no es difícil concebir tales implementos, siempre de construcción casera, fácil manejo y producto del ingenio.

En el secado las plantas sufren una sensible merma de peso. Por eso los rendimientos de cada planta se dan en su estado de cotización para la venta, es decir, seca y limpia. Los compradores pueden determinar con bastante precisión qué cantidad de polvo mineral o tierra hay en una partida. Ellos se pueden encargar de limpiarla, pero descuentan el costo de la operación. La comercialización de plantas medicinales es más sencilla de lo que parece, incluso si os animáis a intentarlo de forma directa, sin intermediarios.

 

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